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        <title>Articulos en naiandei</title>
        <description>mix of night &amp; day ... y otras cosas: un weblog, articulos...</description>
        <link>http://www.naiandei.net</link>
        <lastBuildDate>Fri, 05 Mar 2010 08:10:02 +0100</lastBuildDate>
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            <title>El silencio. Juan José Millás</title>
            <link>http://www.naiandei.net/articulos/el_silencio.juan_jose_millas/</link>
            <description>&lt;p class=&quot;primerparrafo&quot;&gt;Abres un periódico cualquiera para decidir a qué cine vas y resulta que ponen a parir una película a toda página mientras que califican de obra maestra otra a la que apenas dedican un suelto. Lo mismo pasa cuando intentas resolver qué libro lees o con qué realidad te conmueves. ¿Cómo no preguntarse si estas tensiones se dan también en uno, es decir, si dedicamos más tiempo y energías a los asuntos que no nos interesan que a los que nos atañen? Del mismo modo que el periódico está compuesto de un número equis de páginas, nuestra vida tiene un número limitado de años. Si cada año fuera una página y analizáramos cuántos de los vividos hemos dedicado a la publicidad, cuántos a la política nacional o internacional, cuántos a los anuncios por palabras, cuántos a la cultura, a la economía, la opinión, los deportes, los pasatiempos, los sucesos, etcétera, el saldo sería probablemente desatinado también. El gusto por la desproporción forma parte de nuestra naturaleza, constituye una necesidad contra la que nada podemos hacer. Si repasas los suplementos literarios de los últimos 30 años, comprobarás que cada año se aplicó el calificativo de &quot;obra maestra&quot; a siete u ocho novelas de las publicadas, lo que arrojaría un saldo de más de 200 libros de lectura obligatoria. Quiere decirse que en tres décadas, y en un solo país, habríamos producido dos centenares de eneidas, de iliadas, de divinas comedias, de paraísos perdidos, de madames bovarys, de crímenes y castigos, de comedias humanas, de anas kareninas, de regentas... Quizá cuando uno llega al final del periódico (o al final de la vida) e incurre una vez más en los ecos de sociedad (habiéndose saltado a lo mejor las páginas de Cultura), quizá, decíamos, se pregunte si es preferible una necrológica corta y elogiosa o larga y reprobatoria. ¿Pero qué tal un poco de silencio?&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;strong&gt;EL PAIS, 05-III-2010&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;</description>
            <pubDate>Fri, 05 Mar 2010 08:10:01 +0100</pubDate>
            <guid>http://www.naiandei.net/articulos/el_silencio.juan_jose_millas/</guid>
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            <title>Daba miedo. Juan José Millás</title>
            <link>http://www.naiandei.net/articulos/daba_miedo.juan_jose_millas/</link>
            <description>&lt;p class=&quot;primerparrafo&quot;&gt;Un sujeto al que conocía vagamente se colocó a mi lado, en la barra del bar, y me dijo que había visto &quot;algo&quot;. Entendí, por su expresión, que se trataba de algo sobrenatural, pero lo que había visto era el pánico en la mirada de Belén Esteban. ¿Cuándo?, pregunté por decir algo. Hoy mismo, dijo él, después de comer, en la tele, la cámara enfocó su rostro a traición mientras hablaba el moderador del programa, y juro que sus ojos despedían terror. ¿Terror a qué?, insistí yo. No sé, añadió mi interlocutor tras reclamar su gin-tonic, quizá a que todo lo que había conquistado se esfumara de repente, a que dejara de hacer gracia, a que el espectador cambiara de canal cuando abriera la boca, a que el espejismo se desvaneciera. No es un espejismo, argüí yo, se trata de una de las famas más concretas que he visto nunca. Pero ella, insistió él agitando los hielos, tal vez crea que puede desaparecer del mismo modo inexplicable en que se manifestó, lo vi en su mirada, una mirada con monólogo interior: no sé bailar, parecía decirse la pobre, no sé qué es el PIB ni el empleo neto ni el FED, no sé hacer juegos de manos ni contar chistes, no sé si soy del PSOE o del PP, de Comisiones o UGT, atea o agnóstica, católica o budista, no entiendo que produzca asombro el hecho de que sea capaz de matar por mi hija, como cualquier madre, ¿por qué se empeñan en hacerme millonaria?&lt;/p&gt;


&lt;p&gt;Al día siguiente encendí la tele, busqué a Belén Esteban y juro que también yo le vi, durante unas décimas de segundo, el pánico y en su pánico vi el mío, y el de los analistas políticos y el de las autoridades económicas y el de los gurús de la Bolsa y el de Benedicto XVI y, si me apuran, el de toda la humanidad. Quizá, me dije, el éxito sin parangón de la chica residiera en haber devenido en metáfora de la impostura en la que vivíamos todos. Daba miedo.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;strong&gt;EL PAIS, 26-II-2010&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;</description>
            <pubDate>Fri, 26 Feb 2010 08:10:01 +0100</pubDate>
            <guid>http://www.naiandei.net/articulos/daba_miedo.juan_jose_millas/</guid>
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            <title>80 millones. Juan José Millás</title>
            <link>http://www.naiandei.net/articulos/80_millones.juan_jose_millas/</link>
            <description>&lt;p class=&quot;primerparrafo&quot;&gt;Tras abrirnos paso a machetazos por el interior de una selva de palabras a la que no llegaba ni la luz del sol, nos ha parecido entender que la solución a la crisis pasa por hacer recuento de cuanto poseemos (nuestro salario, nuestro paro, nuestra jubilación, nuestro piso, nuestro coche, nuestra Seguridad Social, nuestros ahorros), para valorarlo a la baja. Como no es posible devaluar la moneda, será preciso devaluar todo lo demás, incluida la autoestima. Donde creíamos que teníamos cien, deberemos aceptar que tenemos setenta. Quienes medían 1,80, tendrán que conformarse con 1,50. Quienes comían en restaurantes de cuarenta lo harán hasta nueva orden en tascas de diez. Y así de forma sucesiva hasta regresar al tamaño anterior, del que quizá, como de nuestro pueblo, no deberíamos haber salido. Pero no todo disminuirá. Si usted debía mil más los intereses, continuará debiendo mil más los intereses (deuda a la que tendrá que añadir los intereses de los intereses). Parecería lógico que si su piso vale ahora un 20% menos que cuando lo compró, la hipoteca se redujera en un porcentaje similar. Pero no intente usted introducir la lógica donde impera la explotación.&lt;/p&gt;


&lt;p&gt;No nos engañemos, pues. Debajo de todos esos discursos enmarañados sólo late una pregunta: ¿a quién empobrecer para recuperar nuestro tamaño verdadero? ¿A quién recortar las piernas, los salarios, las pensiones, las medicinas, la enseñanza? Se trata, como ven, y por muchas palabras que se coloquen sobre el asunto, de una decisión ideológica. En este país hay mucho, muchísimo dinero, ya que la acumulación de capital fue obscena durante los años de la burbuja. Pero está concentrado en unas pocas manos. Déjense de discursos y digan cuánto van a poner de su bolsillo, en este duro regreso a la realidad, esos señores que se jubilan con 80 millones de euros.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;strong&gt;EL PAIS, 19-II-2010&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;</description>
            <pubDate>Fri, 19 Feb 2010 08:10:02 +0100</pubDate>
            <guid>http://www.naiandei.net/articulos/80_millones.juan_jose_millas/</guid>
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            <title>Descréditos. Juan José Millás</title>
            <link>http://www.naiandei.net/articulos/descreditos.juan_jose_millas/</link>
            <description>&lt;p class=&quot;primerparrafo&quot;&gt;Pregunté a un psiquiatra si el Papa, habida cuenta de que se cree el representante de Dios en la Tierra, era un delirante y me dijo que no, pues los delirios compartidos son, técnicamente hablando, otra cosa. Total, que si a usted se le aparece la Virgen es muy probable que lo ingresen y lo sometan a una o dos sesiones de electroshock. Pero si se le aparece en compañía de unos amigos o de unos pastorcillos no pasa nada. Se me olvidó preguntar cuántas personas deben participar de un delirio para que deje de serlo, así que lo siento, pero no puedo proporcionar en estos momentos esa información. En cualquier caso, mucho me temo que su cuñado de usted y usted no son suficientes para legitimar una quimera.&lt;/p&gt;


&lt;p&gt;Provoca asombro que los delirios consensuados adquieran de inmediato el estatus de realidad. Si el Gobierno, los consumidores, los bancos y los notarios se ponen de acuerdo, por ejemplo, en que un piso de 90 metros cuadrados vale un millón de euros, el piso valdrá un millón de euros, aunque su valor real sea muy inferior. Al año siguiente, si alguien no detiene la bola, costará un millón cien mil, y así de forma sucesiva, hasta que el espejismo reviente como una pompa de jabón. Lo de los pisos no es un supuesto teórico, ha ocurrido en España, junto a otras alucinaciones de carácter económico. El delirio y la lucidez se trenzan de tal forma en la vida diaria que no hay forma de distinguir el uno de la otra. De modo que cuando en la faja de una novela se incluye la leyenda &quot;basada en hechos reales&quot;, deberíamos tener en cuenta que los llamados &quot;hechos reales&quot; son producidos a su vez, en gran medida, por sucesos completamente imaginarios. En otras palabras: que cuando los teóricos hablan del descrédito de la ficción deberían aclarar si piensan que una ficción compartida deviene en una realidad homologable.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;strong&gt;EL PAIS, 12-II-2010&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;</description>
            <pubDate>Fri, 12 Feb 2010 08:10:01 +0100</pubDate>
            <guid>http://www.naiandei.net/articulos/descreditos.juan_jose_millas/</guid>
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            <title>Alevosías. Juan José Millás</title>
            <link>http://www.naiandei.net/articulos/alevosias.juan_jose_millas/</link>
            <description>&lt;p class=&quot;primerparrafo&quot;&gt;Ese individuo que a las cuatro de la madrugada, armado de un cuchillo, entró furtivamente en la vivienda de su ex esposa, carecía, por lo visto, de mala intención (alevosía, en términos técnicos). ¿Que actuó mal? De acuerdo. No se debe pisotear el cuello de una mujer hasta dejarla tetrapléjica, mucho menos en presencia de los hijos. Ahora bien, digámoslo todo: es cierto que allanó la morada, pero sin mala intención. Que portaba un arma blanca, pero sin mala intención. Que sorprendió a la víctima mientras dormía, pero sin mala intención. Que la golpeó y la arrojó al suelo, pero sin mala intención. Que le retorció el cuello hasta creerla muerta, pero sin mala intención... Por Dios, ¿qué leen en sus horas libres los jueces del Tribunal Supremo? ¿Qué tipo de publicaciones esconden entre las páginas de los voluminosos libros de consulta que tapizan las paredes de sus despachos? ¿Qué les ha hecho la vida? ¿Quién los trató mal?&lt;/p&gt;


&lt;p&gt;No obstante, y dada la madurez que se supone a estos profesionales de la justicia, cabe pensar que también ellos actuaron sin mala intención (sin alevosía, en términos técnicos). Estudiaron detenidamente el asunto, contaron las patadas propinadas a la mujer, calcularon su intensidad, quizá el grado de emoción que puso el maltratador en todas y cada una de ellas, y determinaron, con la mayor nobleza del mundo, que no había habido mala intención. Tal vez, añadimos nosotros, ni siquiera hubo, pese a la hora de autos, nocturnidad. ¿Cómo es posible que una ausencia tal de malas intenciones hiciera tanto daño? Si no hubo mala intención en el verdugo ni mala intención en quienes lo juzgaron, ¿dónde deberíamos buscar el origen de todo este cúmulo de desgracias? Lo han adivinado ustedes: en la víctima, sí, que debió de provocar de algún modo sutil a ese pobre ex marido cargado de buenas intenciones.&lt;/p&gt;

&lt;p&gt;&lt;strong&gt;EL PAIS, 05-II-2010&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;</description>
            <pubDate>Fri, 05 Feb 2010 08:10:01 +0100</pubDate>
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